Que absurdo creer encontrar el amor de tu vida en un supermercado. La sola idea es igual de patetica que yo. Un supermercado! Habrá lugar mas deprimente en el mundo que un supermercado. Donde toda tu plata se escapa de tus manos y a parte de todo, las cosas que compras en su mayoría probablemente te harán engordar. El acto de recorrer los pasillos con concentración científica buscando precios, identificado un equilibro entre la cantidad de dinero a gastar y la calidad del producto, no siempre la balanza se nivela, pero hay que hacer lo posible.
Sofía me había dicho una y otra vez, que debía dejar de hacer cosas de vieja, osea cosas de vieja responsable, ir al supermercado, pagar mis cuentas, ir a la librería, cortarme el pelo. Debía apartarme un poco de esa vida y por fin disfrutarla. Como si fuera tan fácil, han pasado ya tantos años en esta maldita costumbre, que se muy bien que me consume, pero ya no se como hacerlo diferente, no se acercarme a un hombre, sin parecer estúpida o indiferente. En todo caso no se si alguna vez he sabido como hacerlo, pero al menos antes era mas joven y alocada. Ahora me concentro en las cosas que tengo que hacer y las hago.
Al diablo con Sofía, ella que disfrute por las dos, para mí es mas fácil hacer esto de pasearme por los pasillos del supermercado. Ademas, tengo la impresión que algún día encontraré el amor de mi vida en el supermercado. Irónico! Triste! Pero cierto, tengo la impresión que de ser así, ese hombre sería el adecuado, porque el me entendería, comprendería mis dudas e inseguridades, sabría la clase de chica que soy, solo con darse cuenta que estoy haciendo mercado un viernes en la noche y no le importaría, me seguiría y yo le seguiría.
Sin embargo, que clase de perdedor sería de este hombre que hace las vueltas en el supermercado un viernes en la noche…! Mas bien dejo de hacer planes y supuestos de algo que se de hecho que no va a ocurrir.
Cereales, arroz, azúcar, pastas, salsa, jabón… Ufff.
Por fin, voy a salir de este martirio de estar pagando por engordar… Me desangra el bolsillo todos los meses. Los supermercados deberían por obligación tener en su servicio de atención al cliente, atención psicológica post-compra mensual. Sería un servicio a la comunidad.
Lo peor que me puede pasar, a parte de desangrarme monetariamente, es que justo saliendo mi celular suena con descarada algarabía, “Lina, te vienes para acá ya…!!!” reconozco claramente la voz y la situación “…Patry, vino con unos amigos, que te aseguro que te van a encantar, son medios aburridos igual que tu…jajaja” –. “Sofí, en serio que hoy no puedo, vengo de hacer unas vueltas y estoy muerta, a lo mejor el próximo fin de semana” –. “Pff, sigue así y ni tu gato te va a querer… Ya nos hablamos mañana, chao.”
El simple acto de cerrar el teléfono y seguir caminando, ya significa un esfuerzo sobrehumano, ya no solo ando por la vida desangrada sino también soy una desangrada patética, y para hacerlo peor, patética desangrada y torpe; celular al suelo…!, y mi intento de recogerlo se reduce a agacharme con mis bolsas y en un acto desagradable de contorsión, todo termina en el suelo. Es posible lucir mas patética que ahora? Creo que no.
Ese auto que viene hacia acá, probablemente vienen de una fiesta o van a una, vidrios abajo y con la música más alta de lo normal. No se por qué, pero me hacen estrellarme contra mi realidad y pone enfrente de mis ojos el mundo del cual no quiero ser parte, el cual no me emociona. Me recuerda que estoy viviendo una vida en la cual me siento cómoda y segura, a un volumen cómodo. Y a medida que se acerca, mientras me levanto del suelo, el volumen sube y me hace estremecer la simple idea de que estoy perdiendome en este mundo de letargo, la intensidad de la música y mis pensamientos se hacen cada vez mas fuertes, haciendome caer en el pozo profundo de mis inseguridades y miedos y dandome al mismo tiempo una motivo para salir de ahí.
Al momento en que la música llega a su culmen y su estrepitoso sonido me hacen sonreír, una lágrima moja mi mejilla cuando sus ojos se encuentran con los míos, cuando por una enecima de segundo, me doy cuenta que su mirada es lo que quiero, que sus manos son las que necesito, que su excitación es la mía, que su pasión es la que anhelo, que sus labios son los que deseo. Que su vida es la que necesito; su vida en la mía, aquí y ahora, en el supermercado, en este recinto donde la mágica ocurre y los sueños se hacen realidad.
Foto del Flickr de DownTown Pictures







































