El otro día cuando leía blogueando con Ale, recordé la sensación de no encajar, que él expresaba.
Y justo todo esto viene de nuevo a mi, ahora que me encuentro en Barranquilla, ciudad que me vio nacer y crecer.
Y es que siempre durante mis años de colegio me sentí como bicho raro. Era la mas desordenada de todas, la de peor genio, la torpe para los deportes, la de piel mas oscura y la mas gorda entre flacas.
Son esas cosas banales las que importaban en el colegio, y qué le puedo hacer?
En las reuniones o fiestas, siempre me sentía como mosco en leche, porque era la de la pinta mas extraña. Siempre usé lo que se me antojaba y no lo que estaba de moda, lo que siempre significó aparecer con ropa que parecía sacada de otra época, y aunque yo la escogía y ponía voluntariamente, luego no podía evitar sentirme “diferente”.
Y que decir de mi relación con los hombres en esa época.
Pues claro, si pones a escoger a un adolescente de hormonas en ebullición, entre la extraña de peinados raros (o mas bien de ropa), o la super mina, con cuerpo increíble y arreglada la moda. Exacto…! Es triste admitirlo después de mas de 10 años, pero mis amigos (notese el masculino) de la época, eran los amigos de mis hermanos, para los cuales yo era como la hermanita, y… mmm, ninguno mas.
Afortunadamente no tuve que sufrir la pasarela de modas que significaba la Universidad del Norte en Barranquilla. Cuando íbamos a dicha universidad, sin haber salido del colegio, sufría solo por la idea de tener que pasar la inclemencia de un escrutinio diario. Ame el uniforme colegial, en ese entonces.
Por suerte me fui para Bogotá.
Y bueno, el estar hoy de nuevo en mi ciudad natal, me hace recordar toda esa época, veo hacia atrás, me hace pensar en ello, y de alguna manera llego a la conclusión que ese temor de antaño ha minado mi autoestima y determina el como me siento en ciertos ambientes, y me ha dado cierta pauta de comportamiento alrededor del sexo opuesto, una vez le comenté a una amiga, que yo me consideraba, que no era del gusto de los hombres, al menos físicamente, por tanto desplegaba otro tipo de armas, mi sonrisa e intelecto, las cuales son muy lentas para mi poca paciencia, pero a falta de las rápidas, no queda de otra.
Y soy contradictoria en este aspecto, porque detesto a los hombres machistas, que solo buscan un pedazo de carne. Pero cuando uno busca un rato de diversión, compartir risas y conversación superficial, en esta ciudad la apariencia lo es todo.
Hoy, solo espero lograr algún día conseguir tener la misma fuerza interior con la que me muestro al exterior.
Foto del Flickr de Vanajai






































Siempre asumí que me gustaba la fotografía por la innegable influencia de mi padre. Aunque nunca fue fotógrafo profesional, siempre lo fue amateur, y como todos los padres, los mejores modelos éramos mis hermanos y yo.





Y sí, como dice la canción de The Killers,
De un tiempo para aca no duermo bien, me acuesto tardísimo y levanto con las gallinas, todo hace parte de un plan macabro de mi cerebro por no dejarme tranquila, lo sé, dentro de poco te atacaré y caerás rendido.
