Sin esperarlo, sin quererlo, sin planearlo, de repente las cosas suceden. Puede pasar que unas miradas se crucen, unas sonrisas se dibujen y unos besos se regalen justo antes del amanecer.
También puede ser que aquello que empezó como algo casual, como de momento, liviano y desechable, se convierta -sin quererlo- en la noche antes del amanecer.
Cuando se entrega el cuerpo al placer y la mente al disfrute; cuando una noche se convierte en dos, el embriague ya no proviene del alcohol y las caricias no son de desesperación, lo único que se desea es que no llegue el amanecer.
Pero el desenlace estaba escrito antes de siquiera empezar, y la luna iluminó esa noche, dibujó las formas, acompañó a los amantes y con su susurro y suspiro triste habló del final, que mezclado con un “mon chéri” anunciaban el amanecer.
Y fueros dos días en los cuales la única certeza era el ahora, y esa verdad fue acompañada por unas cuerdas de guitarra, un cigarro abrazados y un despertar enlazados. Ahora los besos quedan en la piel, las risas en el aire y los aromas en el tiempo, ese que habla de un antes del amanecer.
No existieron promesas de “te volveré a ver” o “te llamaré”, nuestros mundos se encontraron en ese punto ínfimo, pero nos separaba mas que la distancia y el tiempo; y con una risa acostados en el sofá, te dije adiós, ese que fue en realidad después del amanecer y antes del atardecer.
Gracias a @Alquimista219 por haberme invitado a la edición mundialista de su blog, Confesiones de una Mente Peligrosa. Este fue mi aporte, unión de muchas cosas que tenía que sacarme de encima y aproveché la oportunidad de hacerlo.
El post debía ir asociado a un país que participara en el mundial, por tanto escogí Francia y además a una película, Before Sunrise.
Queda de mas decir que les recomiendo visitar tu blog, siempre tiene artículos muy interesantes asociados a películas. Saludos!
Foto del Flickr de · Ana es capicúa ·





































Era una tarde de verano, esas calurosas, esas en las que el sol caprichoso y enfurecido no tiene clemencia de nada ni de nadie. Era una de esas tardes de verano en que las vacaciones y el tiempo libre son una constante y unos pies sobre el asfalto caliente eran sinónimo de libertad.
Que será que tienen los atardeceres que es imposible evitarlos?
Qué pasa Calila?
Hay heridas que no sangran, no lloran, son silenciosas y dolorosas. Se llevan disimuladas, nadie sabe que están ahí pero duelen de manera singular.
Anoche me movía en las sombras, a través de las capas de cansacio, tristeza, aburrimiento, nostalgia y anhelo, mi mente se movía entre este mundo y ese otro.