
Ella de luz y de sombras, la que guardaba en su interior desde las alegrías mas brillantes, hasta las tristezas mas profundas; con una risa iluminaba y con una lágrima mataba.
Rodeada de un mundo de belleza, de altos árboles, de mañanas de ensueño y atardeceres abrazadores; la magia hacia parte de ella y ella de la magia, siempre había sido así, nunca lo cuestionó, pero tampoco lo entendió.
Sabía sin lugar a dudas, que aquello que la determinaba era invisible para los ojos, pero todo lo que la rodeaba le decía lo contrario… bastaba una lágrima para saber que en su interior la sombra se acercaba sigilosamente, queriendo arrasar todo a su paso, y a ella en especial.
Es que como luchar con la sombra, pareciera muchas veces que es mucho mas poderosa, inclemente, implacable… a veces es mas fácil dejarse llevar, que plantarse y luchar.
Pero no es cierto que la luz no puede existir sin la sombra? Cómo podría la luz mostrar su poder, su brillantez, su belleza sin tener ese pozo profundo al que alumbrar…
Al final, siempre había algo que tenía que sucumbir!
Y en ella el remolino de sensaciones iba en aumento, cada nuevo paso era un nuevo descubrimiento, un nuevo brote de energía. Una sonrisa elevaba el mundo y una mirada de ira aplacaba hasta al mas feroz, curiosamente, ella no sabía del poder en su interior y el que ejercía en los demás.
Sin saber de su fuerza, cruzó lagos, mares, atravesó montañas y camino por los campos… y siempre se decía que las cosas cambiarían, que ella lograría encontrar la paz, no dejaría ni que la luz la ablandara, ni que la oscuridad la matara. Se aisló, se condenó, se encerró.
Y cuando su vida terminaba, cuando la sombras bailaban de alegría y la luz se apagaba, escuchó esa voz, esa voz que le decía… “Intentaste toda tu vida agradar, complacer, satisfacer, quisiste contener la sombra y liberar la luz… y te olvidaste de querer, de sentir, de vivir, de disfrutar. Solo cuando tu descendencia sea capaz de sentir, de vivir, de llorar, de sufrir, de amar… de aceptar la oscuridad y la sombra en la misma medida, tu serás capaz de partir”.
Y aún en las noches cuando todo está listo para dormir, cuando apago las luces y cierro los ojos, aun puedo verla caminar entre la luz y la sombra, con su sonrisa que es la mia y sus ojos que reflejan mi dolor.





































Era una tarde de verano, esas calurosas, esas en las que el sol caprichoso y enfurecido no tiene clemencia de nada ni de nadie. Era una de esas tardes de verano en que las vacaciones y el tiempo libre son una constante y unos pies sobre el asfalto caliente eran sinónimo de libertad.
Que será que tienen los atardeceres que es imposible evitarlos?
Qué pasa Calila?
Hay heridas que no sangran, no lloran, son silenciosas y dolorosas. Se llevan disimuladas, nadie sabe que están ahí pero duelen de manera singular.
Anoche me movía en las sombras, a través de las capas de cansacio, tristeza, aburrimiento, nostalgia y anhelo, mi mente se movía entre este mundo y ese otro.
El camino que recorro desde la estación del metro hasta la oficina suele ser tedioso, si bien es muy bonito porque está lleno de árboles que ahora muestran indicios de la tímida primavera que se acerca, es en línea recta todo el tiempo y como siempre vengo atrasada, camino a toda velocidad para no llegar tan tarde.