The emotion it was, electric,
and the stars, they all aligned…
Hay momentos en que uno desería tenerlos y apresarlos para siempre. Cuando los sueños se vuelven realidad, cuando las energías fluyen, cuando las risas estallan, cuando las lágrimas brotan y las sensaciones se revuelven.
Atesorar esos momentos en la memoria es lo que mas deseamos, querer tenerlas guardadas en ese baúl privado, ese que es hermético al paso del tiempo, que resguarda celosamente lo mas preciado de nuestro existir, que recibe y recibe, pero que no deja nada salir.
Y es que no solo son esos momentos, sino también el con quien los compartimos, esa persona que te regaló una sonrisa, esa que te dió el abrazo en el momento justo y que te vió a los ojos y comprendió tu emoción.
Esos momentos son tan escasos como las estrellas fugaces en el cielo, simplemente hacen parte de esas rarezas que pocas veces te da la vida y que uno quisiera mantenerlos para siempre.
Con la excusa de un concierto anhelado, viví una de las noches mas maravillosas de mi vida -no me da miedo ponerle tal calificativo- porque simplemente la energía fluyó, porque liberé aquello que tenía en medio del pecho, porque cada una de las canciones las sentí como propias y aunque Los Asesinos no cantaron aquella canción, recibí cada una de ellas como un impulso a soñar, a continuar, a añorar pero también a valorar lo que se me presenta en el ahora, en atesorar el pasado con miras al presente.
Hubiera querido compartir este momento con muchas personas, pero aquello que llamamos destino, me deparó el estar con alguien inimaginable, culturas distintas, vidas radicalmente dispares; pero con quien compartimos las sonrisas, los abrazos, la emoción y que mejor que hasta me cantó mi canción, y es ahí donde nos encontramos los dos.
Sin lugar a dudas, el concierto de The Killers, ha sido LA experiencia, no tengo como expresar la emoción que era electrificante, y de verdad era como si las estrellas estuvieran alineadas, es uno de estos momentos que van directo a mi baúl privado y atesorado.



Y no podían faltar las fotos con mi amigo Basti!
Te quiero alemán gruñón!